Diario 2008
Para empezar bien la semana, nada mejor que una triple sesión non-stop de cine. En primer lugar se organiza un pequeño homenaje a
Gemma Santatecla, una amiga de La Semana recientemente fallecida. Después de una emotiva presentación, nos obsequian con uno de sus trabajos como script en un corto titulado
Un cuento chino. Al margen del contenido emocional, la gente disfruta de lo lindo. Le siguen otros tres cortometrajes a concurso,
Eel Girl,
Rojo Red y
Monsieur Sélavy, todos ellos decentes pero bastante olvidables. La gente está bastante callada y las proyecciones transcurren en un relativo silencio. Se nota que el fin de semana ha pasado factura a más de uno.
Sleep Dealer despierta opiniones encontradas. Su ciencia ficción social ha cansado a muchos, pero a mi me encanta. Tras un parón de unos pocos minutos para vaciar los esfínteres o salir a fumar el pitillo de rigor, vuelta a la sala para ver la última de
Pupi Avati.
Ill Nascondiglio me parece un coñazo insufrible. Ni siquiera da pie a hacer bromas, como podía ocurrir con otras películas de este maestro del giallo. Como ya vaticinaba, esta película es su jubilación artística. Todavía nos queda
Eden Lake, un poderosísimo thriller con niños cabrones de por medio. No es perfecta, pero está muy, pero que muy bien. Curiosamente, el público nunca se pone de acuerdo a la hora de votar.

Después de las proyecciones comienza la vida secreta del festival, es decir, los guateques en los que los peces gordos se reúnen para echar unas risas. La organización ha querido que los abonados también estemos presentes en estos eventos anunciado que la primera fiesta tendría lugar en un bar a escasos metros del Principal. Ni cortos ni perezosos, algunos hemos acudido a la llamada. Una gozada poder charlar tranquilamente con Rebordinos (¿hay alguien que no adore a este hombre?) y sacarnos fotos con los directores, productores y atores de las películas a concurso. Un amigo incluso llegó a ser acosado por una tremendísima noruega...
Eso de “noches alegres, mañanas tristes” no tiene nada de cierto.

...
Llego hacia el final de
Sleep Dealer y no puedo decir mucho, parece una película interesante aunque con deficiencias.
Il nascondiglio es en líneas generales pobre. Bastante trillada y en muchos aspectos con una notable falta de presupuesto. Sin embargo, tiene un encanto especial, y sabe mantener el interés hasta un final que se muestra poderosísimo y justifica en parte el resto del metraje. Aun así, una película que no puede llegar al aprobado por si sola, aunque podemos aprobarla por el esfuerzo. Entre el público algunos admiten a modo de inconfesable opinión que la película les ha gustado. La opinión general parece negativa.
Para terminar, la que iba a ser una de las apuestas fuertes de la semana.
Eden Lake, otra película de violencia dura que nos recuerda lo frágil que es nuestro sistema. En general aburre, sigue el esquema Mel Gibson de “cuanto más saña, más drama”. No me sorprendería que el gobierno británico hubiera potenciado esta película para animar a endurecer las penas a menores. Seguramente habrá gustado al público de la semana, puede ganar. Mientras veo esta última película me como un bocata de tortilla, la semana es así. Mi estómago empieza a sufrir sus consecuencias....
Quizás algún lector de otros diarios recuerde que mi cumpleaños cae por estas fechas. De hecho, siempre coincide con La Semana. Pues bien, hoy era el gran día. Evidentemente, eso supone que tenía otras cosas que hacer además de meterme en el Teatro Principal. Eso si, aunque parezca difícil, no renuncio absolutamente a nada. Todo consiste en planificarlo. Así, después de dormir lo justo he ido a comer con mi familia a un restaurante de la parte vieja. De este modo aprovechaba mejor el tiempo y no perdía minutos desplazándome. Después de una opípara comida, directo al cine.

Hemos empezado con un emotivísimo homenaje al recientemente fallecido
John Phillip Law, que ha corrido a cargo de los autores y el editor de una biografía sobre el actor. Eran además amigos suyos, por lo que sus testimonios han calado hondo en la gente. Cuando su nombre ha aparecido en pantalla, todos hemos roto en aplausos. Lo mismo ha ocurrido con el nombre de
Ray Harryhausen, aunque un servidor ha tenido que empezar otra tanda con
Miklós Rózsa. ¿Cómo es posible que se hayan olvidado de reseñarlo?
El viaje fantástico de Simbad es heredera de otras grandes composiciones del maestro como la banda sonora de
Ben-Hur. No ha faltado la tradicional visita a La mejillonera.
Déjame entrar se presentaba como uno de los platos fuertes del certamen y lo cierto es que no ha decepcionado a nadie. Opta claramente al premio a la mejor película. Un siempre atento Angel Sala se deja ver entre las sesiones y se acerca a hablar con nosotros. La noche se cerraría con
Appleseed: Ex Machina, toda una virguería visual que los amantes de la animación disfrutamos como enanos. Un par de filas por delante de mí se escuchaban algunos orgasmos. Su director,
Shinji Aramaki, puede estar contento de haber venido a presentarla.

Pero antes de volver a casa el día me deparaba una última sorpresa. Algunos amigos de La Semana me hicieron unos estupendos regalos que no me esperaba para nada. ¡Muchas gracias! Así da gusto cumplir años. Muy, pero que muy grandes. La verdad es que ha sido un día inmejorable. ¡Solo ha fallado el tiempo!
Se despide un Keichi con veinticinco años recién estrenados.
...
Empezamos este domingo, después de la larga noche de las sorpresas, con una vieja película de aventuras:
El viaje fantástico de Simbad. Primero vemos uno de esos cortos de stop motion que creen que basta con el mérito de la animación. No basta. Un corto plomizo más.
Después para presentar la película de Simbad se hace un homenaje a su protagonista
John Phillip Law, que ha fallecido recientemente. El relato de sus últimos días nos deja a todos un poco encogidos con lo que el ambiente de domingo se acrecienta. Quizá por eso el público calla durante la película, o quizá porque es uno de esos clásicos que se supone hay que respetar y aplaudir.La verdad es que la película es simplemente mala, y no mala porque haya pasado el tiempo y se haya quedado vieja, es mala y punto, y en su tiempo también lo fue. Claramente no fue más que otra excusa para exhibir los efectos especiales de
Ray Harryhausen, que por otra parte son absolutamente prodigiosos, de los mejores de este mago creador de monstruos, la pelea contra la criatura de muchos brazos es impecable. El guión, la dirección, los actores... muy pobre. Me pregunto si dentro de 40 años en algún evento como este proyectarán las películas de Roland Emmerich y las aplaudirán. Lo peor es que seguro que ya la hemos visto de críos pero ni siqueira la recordamos.
Después viene
Déjame entrar, que seguramente terminará siendo la mejor película de la semana como parecía. Mucha sutileza, aunque también momentos de impacto. Diferentes lecturas. Muy bien. El público aplaude en varios momentos pero no parece loco de entusiasmo.Para terminar, un poquito de anime japonés para adolescentes.
Appleseed: Ex Machina. Esta se aplaude con más intensidad. Una fabulosa escena inicial y unos escenarios imponentes. Esto es todo lo bueno que puedo decir de una película sosa, sin el contenido intelectual que se puede esperar del ciberpunk japonés, ni mucho menos. Se trata de una película de argumento fácil, insultantemente mal animada en todo lo que no sean planos generales, que tiene como único interés ver grandes cyborgs dándose morrazos contra el suelo.
Esta semana está muy flojita, y el público no colabora (yo el primero, lo admito)....
¡Dos noches seguidas! Esto si que es empezar fuerte. Lo cierto es que la maratón de la inauguración había hecho mella en mí y el cansancio acumulado durante la semana de trabajo terminó de rematar la faena. He dormido casi diez horas de un tirón. Al despertar me esperaba un día soleado y otra estupenda tarde-noche de películas por delante.

Empezamos con
City of Ember, una producción para chavales bastante digna a la que le cuesta un poco arrancar. La gente se emociona fácilmente después de los despropósitos del día anterior. La siguiente proyección,
Prime Time, es una de las dos que incluye cacheos y detectores de metales. Resulta muy complicado organizar a tanta gente y la cosa empieza con retraso, pero tenemos ocasión de ver un espectáculo de música y fuego en la calle. Los responsables del film se disculpan con los espectadores ofreciéndoles piruletas al entrar y un póster al salir. No temen reconocer que buscan nuestro voto. La verdad es que la coñita da su juego. La película entretiene, pero tampoco convence demasiado a la sala.

Estaba previsto emitir después
Repo! The genetic opera, pero la distribuidora ha decidido hacernos la puñeta y cancelar la premiere en el último momento. Rebordinos decide proyectar en su lugar
Suspense de
Jack Clayton y trasladar el musical al domingo que viene. Lo cierto es que ofrecen soluciones para todos, devolución de entradas incluida. La gente entiende la situación. En cualquier caso, tenemos un día más de cine y una película gratis. No nos ha salido tan mal la jugada, sobre todo después del pedazo de clásico recuperado que hemos visto. Por cierto, yo no era de los que no paraban de hablar durante la proyección. Que conste en acta.

Después de avituallarnos como merece la ocasión -empiezo a estar atiborrado de porquerías- y cenar un suculento bocata, empieza la noche de la sorpresa. Comenzamos con una tanda de cortometrajes bastante lograda.
Spider parte ya como uno de los favoritos. La colección de historias de
Horrorshow también tiene su cosa y la simpática historia animada de
The date termina de calentar al publico para lo que se avecina. El concurso de disfraces está reñido y los premios se reparten entre Mazinger Z, la niña de The Ring y nuestro Mordisquitos preferido. Rebor vestido de casero también tiene su punto. Todo un acierto que se haya recuperado este evento friki después de tantos años.

Le sigue
Tokio Gore Police, una barrabasada japonesa en toda regla. Es la típica película que nació para emitirse en el Teatro Principal. Pero lo mejor de la noche fue sin duda la película sorpresa.
Dead Girl, de
Marcel Sarniento, es todo un descubrimiento. Tiene mucho mérito mantener la atención del espectador después de tantas horas de cine. Últimamente los de Sitges se lo están currando. Habrá que dejar de insultar a Angel Sala…
...
Después de una inauguración con películas tan malas como
The Alphabet Killer y los dos petardillos de la noche, llega el segundo día con un nivel no demasiado alto pero bastante más aceptable.
City of Ember se deja ver y en los pocos momentos en los que aparece
Bill Murray mejora, pero se queda muy por debajo de lo que podría ser. Lo mejor es su potencia visual. Me interesa ese subgénero nuevo que asoma poco a poco al que denomino en mi crítica como
wirepunk.
Después llega el detector de metales, en el fondo es hasta divertido. Todo para ver
Prime Time, no creo yo que haya demasiado interés en distribuir esa película por internet. La sesión es divertida y la película tiene sus momentos, aunque es fallida desde varios puntos de vista.
Después debíamos ver
Repo, pero sus responsables deciden que no somos suficientemente de fiar como para que veamos su película, ni con detector de metales. Se anula la proyección hasta después de su estreno en EEUU, así que nos la prometen para el domingo que viene. Rebordinos arregla el entuerto como puede y nos pone Suspense, una película que hoy por hoy ha perdido todo su valor. Esta paranoia antipiratería ha estropeado la sesión más importante de la semana, frenando el ritmo con un cine serio que no entraba en ese momento. Aunque, admitámoslo, más que paranoia, esto es puro marketing. Hacerlo en Sitges y aquí también ya huele. De momento la película va perdiendo puntos, querer fabricar un título de culto es lo más estúpido que nos han mostrado las mentes ágiles de Hollywood.
Y llega por fin la noche de las sorpresas. El primer corto,
Spider, una idea graciosa, corta y bien rodada. ¿Qué más se puede pedir? Después una ristra de cortos,
Horrorshow, son varios cortos de buen nivel gamberro. El mejor, sin duda el primero,
The Neon Killer, muy dinámico. El corto de animación gracioso viene después,
La cita. No está mal.Llega la esperada para algunos,
Tokyo Gore Police, una tontería gore de baja calidad, que puede ser divertida....
Después de más de un año de espera, ha llegado el gran momento. Dejamos de lado nuestras obligaciones y preocupaciones cotidianas para hacer frente a La Semana con más ganas que nunca. De hecho, el que escribe este artículo no recuerda tanta ilusión acumulada desde hace bastantes años. No se qué me pasa, pero llevo varios días con una sonrisa de niño grande en la cara. Será la edad...
La tarde era lluviosa e invitaba a meterse en un recinto cerrado como el Teatro Principal, pero antes me he dado una vuelta por los alrededores para ver el ambiente. Lo cierto es que el mal tiempo y la oscuridad ofrecían un paisaje bastante desolador. Por fortuna, los habituales ya se estaban parapetando en los bares de la zona a la espera de que se abrieran las puertas. Ha sido una alegría ver tantas caras conocidas. Esperaba encontrarme algún tipo de espectáculo en la entrada, pero todo se ha desarrollado en un pasmoso silencio. De la fachada, mejor no hablar. Una vez dentro, la cosa se caldea. Hay algunas personas disfrazadas en honor a Halloween y el ambigú empieza a llenarse de borrachos. Los temas míticos de series de dibujos de los ochenta que suenan en el teatro levantan el ánimo de todos.

Con la salida de Edurne Ormazabal, Rebor y Pablo -ovación asegurada- al escenario da comienzo la programación. Empezamos mal, porque el primer corto de la lista no puede emitirse por problemas técnicos. Cosas del directo. El segundo cortometraje,
I love Sarah Jane, es bastante negro y cumple su función. Después sale a escena
Tomoo Haraguchi. El maestro de los efectos especiales se gana a la sala saliendo a escena con un sombrero que descubre un cráneo tatuado. Además, ha donado una de sus creaciones a la ciudad. Siempre que sale un japonés al escenario hay risas aseguradas. Acto seguido irrumpe
Rob Schmidt y parte de su equipo para presentar su última película,
The Alphabet Killer. El público convierte un thriller sobrenatural aburrido en una continua carcajada. Se nota que hay ganas.

A eso de las once salimos al frío de la noche y nos vamos a cenar algo tranquilamente. Lo cierto es que la doble sesión que nos espera invita a cogerse una buena moña, pero un servidor lleva tiempo sin beber y tratará de resistirse. Empezamos dos cortos -uno francés y otro coreano- para seguir con
Encarnaçao do Demonio, una inenarrable producción brasileña con Zé do Caixão como estrella invitada. Como era de esperar, de lo más bizarra. El productor de
La raiz del mal los tiene bien puestos para salir a presentar su película ante todos. Es con diferencia la más casposa de cuantas vamos a ver este año, pero lo cierto es que nos reímos bastante. Se llevan la palma los actores.

La noche termina más allá de las cuatro de la mañana. Lo cierto es que la sensación que deja es algo agridulce. Previendo que la cosa iba a alargarse, la organización habrá decidido prescindir de demasiadas ceremonias, pero la verdad es que el conjunto ha quedado un tanto desangelado. Las películas no han ayudado, pero tiene su lado bueno. Después de lo que hemos visto, lo que venga en los próximos días nos va a parecer una maravilla. Lo mejor de todo, la gente. Otros años han tardado un par de días en calentarse, pero esta vez la han montado desde el primer momento. En resumen, una inauguración un tanto deslucida pero impregnada por un ambiente envidiable. ¡Que grande el es público del Principal!
Y lo que nos queda...
...
Aunque no forme parte de la programación de La Semana, el ritual de la cola de los abonos se convierte cada año en un punto de arranque imprescindible para todo semanero que se precie. Llegado el gran día, hordas de aficionados se reúnen a las puertas del Teatro Principal para enfrentarse a la intemperie con la mejor voluntad del mundo. Todo sea con tal de conseguir la ansiada butaca de sus sueños. El caso es que la cosa suele convertirse en toda una fiesta. Habrá quien se pregunte si merece la pena pasar una noche en vela, pero no vamos a justificarnos: Somos unos frikis.
A media tarde un servidor se dirigió hacia calle Mayor armado con una mochila. En su interior llevaba algunos objetos imprescindibles para la supervivencia. Hay que destacar la manta, ropa de abrigo, algo de leer y una salvadora Nintendo DS. Para las seis de la tarde ya estaba apuntado en el listado de nombres. Como siempre tiene que haber algún adelantado, el primero de la fila llevaba desde las seis de la mañana haciendo cola. Con los programas en la mano, la cosa se anima. Hasta el anochecer la calle se va llenando de gente y con ella los reencuentros y las conversaciones. El elemento decorativo de este año era una vaca gigante de peluche y varios carteles informativos del frente de liberación de Winnie the Pooh. Sin comentarios. Como todos los años, mis abuelos me traen una impagable silla y algo de comer. ¡Qué haría yo sin ellos!
La noche ya empezaría fría, pero a última hora la bajada de temperatura llegó a alcanzar extremos inhumanos. Nos acurrucamos como buenamente pudimos en nuestros asientos. Sin duda, ha sido el año de cola más frío que recuerdo. Y eso que me las prometía felices por el buen tiempo… Por lo menos, la falta de sueño no hizo mella en mi y me mantuve toda la noche bastante activo, ya fuera de charla, echando unas partidillas (Bomberman y Mario Kart coparon los géneros) o hinchándome a comer. Ya se sabe que para disfrutar de La Semana plenamente hay que ganar unos kilillos. La cosa pasa bastante más rápida de lo esperado, quizás por el estado de hibernación al que nos vemos obligados.
Con el amanecer comienza lo más duro, esas horas en que la espera parece hacerse eterna. Llegan los rezagados y se juntan los grupos. La cola dobla la calle hasta alcanzar la plaza contigua. Yo me siento al sol y disfruto del calor. Como siempre, los encargados del teatro se portan de maravilla con nosotros. Si el año pasado fue el desayuno, este nos sacan bocadillos para comer. También aparecen los inevitables periodistas. Si ponéis la radio o Localia seguro que aparezco por ahí. Tampoco falta la gente que se para a preguntar de qué va todo esto. Los hay más educados que otros, pero las contestaciones tampoco les andan a la zaga.
La taquilla se abre puntualmente y la cola se reorganiza. Después de un día de espera (algunos dirán que la espera psicológica es de todo un año) ya tenemos ganas de tener el bono delante. Cuando salimos con el taco de entradas en la mano no se ve ninguna cara triste. Termina así una cola un tanto descafeinada por efecto del frío. Pero todo tiene su lado bueno: Este año no nos ha acosado ningún borracho ni vagabundo...
Ahora toca meterse a la cama y recuperar fuerzas.
¡Nos vemos dentro de una semana!...
Siguiente